Sobre el origen de las heridas primales y su relación con la castración de la sexualidad femenina

 Les quería compartir este tema de reflexión, que terminó siendo mi tesina para finalizar la capacitación de Terapeuta para la Soberania Menstrual de Sofia SloboParisí y su equipo hermoso de terapeutas. 

Empecé escribiendo sobre esto porque leía los textos recomendados de Casilda Rodriguañez Bustos, y también sobre las heridas primales que habla Krishnananda, y pensaba un poco en la dificultar que algunas compañeras estaban teniendo para abordarlos, sin tener el bagaje previo de psicología.

En la carrera de psicología, en la UNR por lo menos, la impronta psicoanalítica es innegable, y mal o bien, unx termina un poco formateado así, de manera tal que pareciera que hablar de otras corrientes de psicología (con igual validez epistemólogica y eficacia clínica) pareciera mala palabra...

En fin, sin seguir ahondando (por ahora, aunque si les interesa puedo una proxima vez ampliar sobre este recorrido personal y académico), les comparto estas reflexiones:





Sobre el origen de las heridas primales y su relación con la castración de la sexualidad femenina

En el texto de Casilda Rodrigañez Bustos llamado “La violencia interiorizada en las mujeres” ella da cuenta del mecanismo fundamental mediante el cual, a través de la castración del deseo materno primario se produce una herida que genera diversas consecuencias.


Lo interesante es que esa herida, no es sólo simbólica, cultural y psíquica, en otros términos, abstracta, sino que la misma está recientemente también sustentada desde la neurología infantil (en esto de que la ciencia va mil pasitos años luz atrás de lo que se constata desde la experiencia): Al instante mismo del nacimiento, una cascada de hormonas, principalmente la OXITOCINA, se liberan para dar lugar a ese momento diádico necesario entre la persona gestante y el bebé recién nacido. 


Es que apenas nacemos, nuestra prematuridad cerebral precisa de tiempo para desarrollar sus conexiones neuronales más finas, y en ese momento primario, del cuerpo a cuerpo con su progenitorx, se produce lo que se denomina impronta

1. Impronta filial
2. Impronta sexual

El término impronta hace referencia a una forma de adquirir aprendizajes básicos para la supervivencia de una especie. Se trata de un fenómeno en el que convergen procesos psíquicos, biológicos y sociales.

Aunque es un concepto que ha surgido a través de estudios biológicos, se ha adaptado de manera importante a la psicología y ha aportado distintas formas de comprender el desarrollo del ser humano


Fue desarrollada por Lorenz, quien estudió gansos en cautiverio y se interesó por la forma en la que éstos adquieren conductas y habilidades de supervivencia, aún viviendo aislados de otros individuos de su especie. Se reconocen actualmente dos tipos de impronta, ambas básicas y necesarias para la supervivencia:


El concepto de impronta se ha aplicado con frecuencia en la teoría del apego de la psicología, con lo cual, se ha relacionado de manera importante con las relaciones filiales y cómo éstas son básicas para la supervivencia.

Esto último se conoce como una “impronta filial”, y se trata de un mecanismo innato que se activa cuando un animal joven reconoce las características de sus progenitores, específicamente de la madre, que generalmente es el primer ser al que se observa en el nacimiento.

La impronta filial ha sido observada tanto en aves como en reptiles, y posteriormente en otras especies. A partir de esto se ha sugerido que el reconocimiento y seguimiento de los padres a temprana edad hace posible que las crías se alejen y se protejan ante los depredadores. Así mismo facilita el aprendizaje necesario para obtener los alimentos, el agua y el calor que en inicio proporcionan los padres.


Por su parte, la impronta sexual es aquella que explica la tendencia de que los individuos, animales y humanos, se relacionen sexualmente con los que reconocen de su misma especie. 


Por otro lado, sólo para comentar, es esta misma teoría la que utiliza el antropologo Westermarck para explicar el hecho de que hermanxs criados juntos no desarrollen atracción sexual entre sí, y en sentido amplio, cómo se ha ido suprimiendo la endogamia de las diversas culturas. 


Volviendo a Casilda entonces, quien como en otros textos, continua desarrollando y densificando su concepción de la sexualidad de los cuerpos femeninos, da cuenta de esta sexualidad libre, pulsátil, cíclica y voluptuosa que existe aún hoy en día en algunas (pocas) sociedades matrifocales.


Allí, donde el deseo “materno” entendido como un deseo corporal, originado desde el vientre mismo,  que se expresa libre y ampliamente, la criatura humana recibe de ella en ese momento primordial de unión, la impronta de esa libido, de ese amor-deseo-cuerpo que le acompañará el resto de su vida…


Sin embargo, por este lado, el lado de la civilización occidental, el lado del cercenamiento, la persecución, la quema y la castración física y simbólica de la mujer (y de la forma de ese deseo, más allá de la mujer en sí), lo que queda de ese momento es otra cosa…


Acá, o más bien allá en en el corazón intelectual y cultural de la europa del 1900, en Alemania, se definía a la sexualidad femenina como un continente oscuro, un elemento lábil y precario, antecesor de la sexualidad “verdadera”, que es la sexualidad orientada a la sumisión del cuerpo femenino a la reproducción. 


¿Cómo así?


Sí, Freud en sus diversos textos respecto a la feminidad, principalmente “Sobre la sexualidad femenina” y su “Conferencia 33: la feminidad” detalla la forma en la que las niñas en su etapa pre-puberal se encuentran disfrutando de su sexualidad clitoridiana y en un lazo amoroso-libidinal con su madre, a la que denomina sexualidad de carácter masculina. 


Pero que sin embargo, en ellas reside un deseo de “tener pene”. Principalmente, dice Freud, a partir de notar los genitales en el cuerpo de algún hermano o amigo o persona portante de pene, descubren su cuerpo como ya castrado, ya habiéndose efectuado alguna negación o cercenamiento de su genital, y al ver que la madre también está castrada pueden devenir diversas vertientes de la sexualidad femenina:


  1. una negación de su sexualidad absoluta, lo que denominaban por aquel entonces frigidez.


  1. una porfiada hiperinsistencia en su deseo de tener pene lo que llevaría a estas mujeres a continuar su sexualidad-clitoridiana y masculina


  1. la renuncia a la madre y la viración de su deseo al padre como forma de acceder luego la sexualidad propiamente femenina y la relegación del clítoris por la vagina.


Y dice respecto a esta última que: El endoso de ligazones afectivas del objeto-madre al objeto-padre constituye el contenido principal del desarrollo que lleva hasta la feminidad (...) Al final de esta primera fase de ligazón-Madre emerge como el más intenso motivo de extrañamiento de la hija respecto de la madre, el reproche de no haberla dotado de genital correcto. 

La ligazón-madre se tiene que ir a pique porque es la primera y la más intensa. La intensa ligazón de la niña con su madre debió de haber sido muy ambivalente, y por eso, habrá sido esforzada a extrañarse de ella. 


Ahora bien, lo que en Freud es argumento y motivo para que advenga una sexualidad verdadera, es decir, vaginal-femenina y la niña renuncie a la vez a su placer clitoridiano, y a su primer objeto de amor, la madre, es para Casilda, el origen mismo de la instalación de la herida que produce individuos desconectadxs de su sexualidad no fálica. 


Y esto mismo, a nivel social y psíquico, es el engranaje clave para la violación sistemática de los deseos de la mujer, fundamentado en la creencia del deseo de la mujer como lacisivo y deshonesto, y la sumisión de estas y de sus hijxs al la complacencia de la organización y jerarquía falocrática, así como el acorazamiento de sus cuerpxs, que deviene en: Violencia interiorizada y autorrepresión de nuestros cuerpos


Y así es como ese vientre que alojababa vida, sexualidad y placer, que daba origen a sujetxs fraternos, sororos, que en fin, se comportaban en base a una estructuración que no inserta la culpa, el rechazo y el vacío en sus cuerpxs al nacimiento, que no responde ante la Ley del Padre como idéntica a la Ley de Castración, se fue transformando en ese animal errante que describirían Platón e Hipócrates, y más tarde la bestia, el monstruo a reprimir.  


Y de esos vientres palpitantes como ranas (en muchas culturas pre colombinas se representaba al útero y a la sexualidad femenina con el símbolo de una rana por la semejanza de su panza latiendo al son de su respiración) devinieron abdómenes chatísimos, casi sin grasa corporal, o que se esconden, se meten para adentro para ocultar las curvas; abdómenes rígidos y tiesos que pertenecen a la “buena cultura” y al “ser una señorita educada”, abdómenes que no palpitan: los de los cuerpos que no danzan, que no se sientan en cuclillas, que tienen sexo pornográfico pero para nada satisfactorio, que paren a sus hijxs con dolor y con oxitocina artificial inyectada para calmarlo.

Venus de Wilendorf,  datada entre los años 27 500 y 25 000 a. c.


Entonces, podemos preguntarnos si es sólo un gesto mínimo, como personas socializadas mujeres, darnos placer, masajearnos los pechos, sentir nuestro útero, abrazarnos y darnos calor, mimar nuestra piel… Es realmente un acto sin relevancia,


¿o es la praxis misma de la recuperación del deseo y el gozo en nuestros cuerpos históricamente acallados e insensibilizados?


¿Es el ejercicio de reivindicar nuestros derechos y los de todas nuestras antepasadas a verdaderamente sentirnos seres válidos, valiosas y completas?


¿Es el posicionamiento revolucionario de ejercer un tipo de sexualidad que nos ha sido negada, castrada y patologizada? 


Y esta apuesta, esta recuperación de nuestra sexualidad en todos sus sentidos, no sólo es en beneficio de las identidades denominadas mujeres, o por lo menos desde mi perspectiva, es interesante pensar que en todo cuerpo habita esta sexualidad (y la herida de su represión). Porque, ¿a cuántos varones les duele no haber podido llorar en su infancia sin que le hagan bulliyg? ¿a cuánta persona trans se la discriminó y excluyó sistemáticamente? ¿Cuántos se animaron al contacto con otro cuerpo sin limitarse por el género que tenga?


Y precisamente lo valioso de animarse a explorar esta sexualidad llamada femenina, (o que podríamos llamar también orgiástica, o palpitante, o des-patriarcal, para disruptir también el binarismo aquí), desde distintas corporalidades e identidades es que va volviendo borrosa aquella brecha que nos dividió y nos opuso entre varones-mujeres, fálicos-castradas, activos-sumisas, sujeto-objeto.



Bibliografía:


  • Rodrigañez Bustos, Casilda. Sobre la violencia interiorizada en las mujeres.

                                              La represión del deseo materno y la génesis del estado                                    de sumisión inconsciente. 

                                              La matrística aquí y ahora. 

                                             Recuperando a la mujer prohibida.


  • Freud, Sigmund. Sobre la sexualidad femenina. 

                           Conferencia 33: La feminidad.


  • Bowlby, Jonh. Apego y relaciones adultas.

                                  Teoría del apego.


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